LIBERTAD IGUALDAD, FRATERNIDAD.
Estas tres palabras que están consideradas como el lema de la Revolución Francesa, existían dentro de la masonería mucho antes del advenimiento al poder de luís XVI. No es como creen lamentablemente algunos maestros que la masonería se haya apropiado de esta divisa, sino que, por el contrario, es la Orden quien dio a la humanidad, por medio de la Revolución Francesa, este lema y el significado exacto de cada una de las tres palabras.
Los ideales que perseguia la Revolución Francesa reconocen como fuente espiritual a la masonería.
A diferencia de las diversas escuelas esotéricas que tratan de acelerar el proceso evolutivo espiritual del hombre para su mejor actuación en otros planos de existencia, sin una intervención directa de carácter colectivo en el orden material, la Masonería lucha por obtener desde el plano físico, la realización de las circunstancias. necesarias para un mejor desenvolvimiento humano, y a tal objeto participa y dirige los grandes movimientos económicos, políticos y sociales capaces de señalar una etapa de avance en el peñeccionamiento de la humanidad.
José Bálsamo, Conde de Cagliostro , mejor conocido como Cagliostro nacido en Palermo, Italia en 1745, fue el primer masón que utilizó en la Revolución Francesa los "Principios Universales de Libertad, igualdad y fraternidad" en un discurso pronunciado en una Logia de la calle Platiére en París, y empezó diciendo:
"Comenzaremos por la Libertad, y ante todos HH no confundáis con la independencia; no son dos hermanas que se parecen, sino dos enemigas que se odian".
LA LIBERTAD
"No es una sustancia primitiva y única como el oro; es una flor, un fruto, es un arte, es un producto, en fin: es preciso cultivarla, para que se abra y madure. La libertad es el derecho que todos tienen para hacer en beneficio de su interés, de su satisfacción, de su bienestar, de su diversión, de su gloria,todo lo que no perjudique el interés de los demás; es el abandono de una parte de la independencia individual para constituir un fondo de libertad general, en que todos pueden obrar en una misma forma. La libertad, en fin, es más que todo esto, es la obligación contraída ante todo el mundo de no limitar de nuevo las luces, el progreso, los privilegios de una nación, de una raza; sino al contrario, difundirlas a manos llenas, ya individualmente, ya' como sociedad; cada vez que un individuo pobre o una sociedad indigente os solicite, compartid vuestro tesoro con ellos. Y no temáis que ese tesoro se agote, porque la libertad tiene el privilegio divino de multiplicarse con la prodigalidad, como los grandes ríos que riegan la tierra, tan caudalosos en su origen como en su desembocadura".
"Esto es la libertad; un maná celeste al que todos tienen derecho y que el pueblo elegido para recibirlo debe compartir con cualquier otro ql\e reclame su parte. Esa es la libertad. . .Pasemos a la igualdad".
LA IGUALDAD
"Es la abolición de todos los privilegios transmisibles; el libre acceso a todos .los empleos, a todos los grados, a todas la jerarquías; la recompensa concedida al mérito, al genio, a la virtud; dejará de ser la herencia de una casta, de una familia o de una raza; por eso el trono, suponiendo que quede un trono, no es, o más bien no será más que un puesto más elevado al que podrá llegar el más digno, mientras que en los grados inferiores y según sus méritos, se detendrán los que sean dignos de los puestos secundarios, sin que para reyes, ministros, consejeros, generales, jueces, tengan que preocuparse de dónde proceden. Por eso, realeza o magistratura, trono de monarca o sillón de presidente, no serán la herencia de una familia: serán ELECCiÓN. Para el consejo, para la guerra, para la justicia, no habrá ya privilegio, sólo APTITUD. Para las artes, para las ciencias y las letras, ya no habrá favor, sólo CONCURSO. ¡Esa es la Igualdad social! Luego, a medida que con la educación, no sólo gratuita y puesta al alcance de todos sino obligatoria para todos, las ideas crecerán y es necesario que la igualdad crezca con ellas; la igualdad, en lugar de permanecer con los pies hundidos en el barro, debe asentarse en las más altas cumbres; una gran nación como Francia, no debe reconocer más que la igualdad que eleva, y no la que rebaja; la igualdad que rebaja no es la del titán, sin la del bandido; no es el lecho caucasiano del Prometeo, sino de Procusto. ¡Eso es la IGUALDAD!".
"Hermanos, hemos llegado a la tercera palabra de la divisa, a la que los hombrés tardarán más tiempo en comprender y que, sin duda, por este motivo el gran civilizador ha colocado la última. Hermanos, hemos llegado a la fraternidad".
LA FRATERNIDAD
"Palabra grande si es bien comprendida! iPalabra sublime si es bien explicada! Dios me libre de decir que quien haya medido malla altura de ella, tomándola en su acepción estrecha para aplicarla a los habitantes de una aldea, a los ciudadanos de una ciudad, a .Ios hombres de un reino, sea un mal corazón. No, hermanos, no será sólo un espiritu mezquino. Compadezcamos a los pobres de espíritu, tratemos de sacudir las sandalias de plomo de la mediocridad, despleguemos nuestras alas y coloquémonos por encima de las ideas vulgares. Cuando Satán quiso tentar a Jesús, lo transportó a la montaña más alta del mundo, desde la cúspide de la cual podia mostrarle todos los reinos de la tierra, y no a la torre de Nazareth, desde donde sólo podía hacerle ver algunos pueblos de Judea".
"Hermanos: no es a una ciudad, ni siquiera a un reino a quien hay que aplicar la fraternidad; hay que extenderla a todo el mundo. Llegará un día, hermanos, en que esta palabra que nos parece sagrada, la patria, o esta palabra que nos parece santa, la nacionalidad, desaparecerán como esos telones de teatro que no bajan provisionalmente más que para preparar lontananzas infinitas, horizontes inconmensurables. Llegará un día, hermanos, en que los hombres, que ya han conquistado la tierra y el agua, conquistarán el fuego y el aire; en que atarán corceles flameantes, no sólo al pensamiento, sino también a la materia; en que los vientos, que no son hoy día más que los correos indisciplinados de la tempestad, se convertirán en los mensajeros inteligentes y dóciles de la civilización. Llegará un día, hermanos, en que los pueblos, gracias a esas comunicaciones terrestres y aéreas contra las que serán impotentes los reyes, comprenderán que están unidos unos a los otros por la solidaridad de los dolores pasados; que esos reyes que les han puesto las armas en la mano para destruirse entre sí, les han empujado, no a la gloria "como les decían, sino al fratricidio, y que tendrán que dar cuenta a la posteridad de cada gota de sangre salida del cuerpo del más ínfimo de los miembros de la gran familia humana. Entonces, hermanos, veréis un magnífico espectáculo desarrollarse a la faz del Señor; toda frontera ideal desaparecerá, todo límite ficticio será borrado; los ríos ya no serán un obstáculo, las montañas ya no serán un impedimento; de un lado al otro de los ríos, los pueblos se darán la mano y en cada alta cúspide se levantará un altar, el altar de la FRATERNIDAD. iHermanos! iHermanos! iHermanos! Yo os lo digo, esa es la verdadera fraternidad del apóstol. Cristo no murió para rescatar tan sólo a los nazarenos. Cristo murió para rescatar a todos los pueblos de la
tierra. No hagáis, pues, de estas tres palabras: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, solamente la divisa de Francia; inscribid la en el lábaro de la humanidad, divisa del mundo. .Y ahora, idos, hermanos; vuestra tarea es grande; tan grande que, por cualquier valle de lágrimas o de sangre que paséis, vuestros descendientes os envidiarán la misión santa que llevaréis a cabo, y como aquellos cruzados que se renovaban siempre, .cada vez más numerosos y más animados por los caminos que conducían a los Santos Lugares, no se detendrán, aunque con frecuencia, no reconocerán su camino más que por los huesos blanqueados de sus padres. . .iValor, pues, apóstoles!. . . ¡Valor, pues, peregrinos!. . ¡Valor, pues, soldados de sus padres!. . .¡Apóstoles, convertid! ¡Peregrinos, andad! ¡Soldados, combatid!. .
Muchas Gracias